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¡Vive!

La Vida merece la pena vivirla...






Hace un par de semanas, cuando en la tertulia de la COPE "La tarde con Cristina", se hablaba del caso de la británica Dianne Pretty, a quien el Tribunal de Estrasburgo había denegado la solicitud de acabar con su vida, una señora, por nombre Anunciación, llamó por teléfono y dijo lo que sigue:

"He sido operada 45 veces. Tengo 52 años. Nací con una malformación congénita y mi vida ha sido un sufrimiento continuo; además desde hace ocho años, debido a un error médico, me he quedado ciega, con los ojos totalmente abiertos y sin lágrimas.

Padezco unos dolores terribles, me he convertido en un caso único en la ONCE y en el Ramón Cajal, donde me atienden. También he perdido el oído. Llevo una prótesis que me permite oír.

Padezco bastantes más enfermedades y la depresión lógica por todas estas cosas. Y, a pesar de todo, creo que la vida merece la pena vivirla, ante todo. Creo que Dios nos quiere así, y por medio de la enfermedad nos marca una pauta.

Excepto una hermana que es maravillosa conmigo, toda mi familia se ha alejado; y las entidades, todas, incluida la ONCE, se alejan también. Llame a 1112, porque dicen que es para todo; hablé hasta con el provincial, porque a mi marido le tenían que intervenir y me tenía que quedar sola. Nadie quería vivir conmigo, porque tengo que vivir a oscuras, ya que la luz me hace daño y no puedo salir a la calle; no me puede dar nada de luz.

Quien vive conmigo tiene que estar con una linterna en casa. No puedo tomar ni la sopa caliente, no puedo tomar nada. Es una vida mediatizada por completo; hasta el hablar me hace daño.

Entonces, a la señorita que me estaba atendiendo, le tuve que decir: "Oiga, ¿a qué me está induciendo? ¿A que me suicide? Pues, mire, me voy a quedar sola en mi casa, porque nadie se quiere quedar conmigo mientras operan a mi marido. Me podré caer, como muchas veces me ha pasado; me podré dar un golpe, pero voy a vivir, voy a vivir porque así Dios lo quiere.

Yo tengo mucha fe, y, desde luego, hablo con Dios, como Marcelino Pan y Vino. Así de sencillo, y Dios me ayuda, y la Virgen Santísima, y, desde luego, pienso que por algo lo habrá hecho Dios, porque a lo largo de todas estas enfermedades como he tenido de tantas cosas, Dios se me ha manifestado, de muchas formas.

En mi casa hay mucha paz. No puedo más que darle gracias a Dios.

¡Que todo el mundo pueda seguir viviendo a pesar del dolor del sufrimiento! Dios nos ayuda. ¡La vida merece vivirla!

Hasta aquí Anunciación.

El testimonio de esta mujer es hermoso. Nos muestra hasta qué punto el ser humano encaja el sufrimiento y lo transforma, aceptándolo como Cristo aceptó la muerte en la Cruz por nosotros.

Anunciación quiere vivir la vida tal y como se le presenta. No entiende el porqué del sufrimiento porque, después de todo, no hay quien lo entienda ni sepa explicar. No pide explicaciones a Dios porque sabe que el también sufrió como nadie jamás ha sufrido y quiso morir por nosotros. No pregunta a Dios: ¿Por qué precisamente a mí, Señor? No se queja diciendo: ¿Por qué has permitido esto?

Lo que sabe hacer es hablar con Dios, como Marcelino Pan y Vino, y vivir en Paz, algo que muchos no tienen y darían cualquier cosa, hasta la vida, por conseguir.

Solo sabemos que un día Anunciación estará en casa de Dios y todo habrá pasado...

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