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Padres de la iglesia

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La Economía de la
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La predicación de la Verdad
La Gloria de Dios consiste en...
El Padre es Conocido por la manifestación del Hijo
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San Ambrosio

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Credo de San Atanasio

Sermones:

La Encarnación del Verbo Sermón contra los Gentiles

San Ignacio de Antioquia
San Juan Crisostomo

Omilías De San Juan Crisóstomo
El Valor de la Sangre de Cristo Pablo lo sufrió todo
por amor a Cristo

Cinco caminos de Penitencia

San Cirilo

De sus obras:

Cristo entregó su cuerpo
Efusión del Espíritu Santo
Yo soy la vid y
vosotros los sarmientos

La misericordia divina.
Reconciliados en Cristo
Maternidad divina de María
Alabanzas a la Madre de Dios

San Policarpo

Testimonio de su martirio:
Como un sacrificio
enjundioso y agradable

De su carta a los Filipenses:
Estáis salvados por gracia

San Justino

Ver sus obras:
Apología en defensa de los cristianos.
El Bautismo del Nuevo Nacimiento

San Clemente de Alejandria
San Tertuliano

Biografía de Jesús

(Jesús o Cristo; Belén, h. 6 a. C. - Jerusalén, h. 30 d. C.) Predicador judío fundador de la religión cristiana, a quien sus seguidores consideran el hijo de Dios. El nombre de Cristo significa en griego «el ungido» y viene a ser un título equivalente al de Mesías. La vida de Jesús está narrada en los Evangelios redactados por algunos de los primeros cristianos. Jesús nació en una familia pobre de Nazaret, hijo de José y de María. Aunque la civilización cristiana ha impuesto la cuenta de los años a partir del supuesto momento de su nacimiento (con el que daría comienzo el año primero de nuestra era), se sabe que en realidad nació un poco antes, pues fue en tiempos del rey Herodes, que murió en el año 4 a.C. Fueron precisamente las persecuciones de Herodes las que llevaron a la familia, después de la circuncisión de Jesús, a refugiarse temporalmente en Egipto. El relato evangélico rodea el nacimiento de Jesús de una serie de prodigios que forman parte de la fe cristiana, como la genealogía que le hace descender del rey David, la virginidad de María, la anunciación del acontecimiento por un ángel y la adoración del recién nacido por los pastores y por unos astrónomos de Oriente. Por lo demás, la infancia de Jesucristo transcurrió con normalidad en Nazaret, donde su padre trabajaba de carpintero.

Vida Pública

Hacia los treinta años inició Jesucristo su breve actividad pública incorporándose a las predicaciones de su primo, Juan el Bautista. Tras escuchar sus sermones, Jesús se hizo bautizar en el río Jordán, momento en que Juan le señaló como encarnación del Mesías prometido por Dios a Abraham. Juan fue pronto detenido y ejecutado por Herodes Antipas, lanzándose Jesucristo a continuar su predicación. Se dirigió fundamentalmente a las masas populares, entre las cuales reclutó un grupo de fieles adeptos (los doce apóstoles), con los que recorrió Palestina. Predicaba una revisión de la religión judía basada en el amor al prójimo, el desprendimiento de los bienes materiales, el perdón y la esperanza de vida eterna. Su enseñanza sencilla y poética, salpicada de parábolas y anunciando un futuro de salvación para los humildes, halló un cierto eco entre los pobres. Su popularidad se acrecentó cuando corrieron noticias sobre los milagros que le atribuían sus seguidores, considerados como prueba de los poderes sobrenaturales de Jesucristo. Esta popularidad, unida a sus acusaciones directas contra la hipocresía moral de los fariseos, acabaron por preocupar a los poderosos del momento.

Las Razones de su Muerte

Jesús fue denunciado ante el gobernador romano, Poncio Pilatos, por haberse proclamado públicamente Mesías y rey de los judíos; si lo primero era cierto, y reflejaba un conflicto de la nueva fe con las estructuras religiosas tradicionales del judaísmo, lo segundo ignoraba el hecho de que la proclamación de Jesús como rey era metafórica, refiriéndose al «reino de Dios» y sin poner en cuestión los poderes políticos constituidos.

Consciente de que se acercaba su final, Jesús celebró una última cena para despedirse de sus discípulos; luego fue apresado mientras rezaba en el Monte de los Olivos, al parecer con la colaboración de uno de ellos, llamado Judas. Comenzaba así la Pasión de Cristo, proceso que le llevaría hasta la muerte tras sufrir múltiples penalidades; con ella daba a sus discípulos un ejemplo de sacrificio en defensa de su fe, que éstos asimilarían exponiéndose al martirio durante la época de persecuciones que siguió.

Perseguido por el Sanedrín, traicionado por su discípulo Judas Iscariote y negado por Pedro, Jesús afrontó solo y con determinación la condena del Sanedrín, el rechazo de Herodes Antipas, quien lo remitió de nuevo a Poncio Pilato, y la sentencia que éste pronunció después de "lavarse las manos" y de soltar en su lugar a Barrabás, al parecer un cabecilla de un movimiento sedicioso acusado de asesinato. En vano el procurador romano había intentado evitar la crucifixión de Jesús, a quien consideraba en realidad inocente de los cargos que le imputaban. Presionado por los sacerdotes del Sanedrín, que habían excitado a la muchedumbre para que pidiese la muerte del peligroso "agitador", acabó condenándolo a morir crucificado.

Los delitos que le imputó el Sanedrín fueron anunciar la destrucción del Templo ("Esto que veis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra"; Lc. 21, 6) y reconocerse como el Hijo de Dios. Y, frente a las leyes romanas, creerse rey de los judíos, lo que contribuía a aumentar la inestabilidad política, según el criterio de los influyentes sacerdotes del Sanedrín.

Jesús fue torturado por Pilatos, quien sin embargo, prefirió dejar la suerte del reo en manos de las autoridades religiosas locales; éstas decidieron condenarle a la muerte por crucifixión. La cruz, instrumento de suplicio usual en la época, se convirtió después en símbolo básico de la religión cristiana.

Los cuatro evangelistas están de acuerdo en que Jesús murió en viernes. El día de la muerte de Jesús no fue un día de descanso sabático porque los guardas llevaban armas y las tiendas estaban abiertas (José de Arimatea pudo comprar una sábana y las mujeres aromas para embalsamar el cuerpo). Lo más probable es que Jesús anticipara un día la cena pascual. Reunidos todos los datos (el procurador Pilato gobernó entre el 26 y el 36 d.C.), se puede asegurar que Jesús murió el viernes 14 de Nisán (primer mes del calendario hebreo bíblico) del año 30 d.C., lo que equivale al 7 de abril del 30 d.C.

Los Evangelios cuentan que Jesucristo resucitó a los tres días de su muerte y ascendió a los cielos. Judas se suicidó, arrepentido de su traición, mientras los apóstoles restantes se esparcían por el mundo mediterráneo para predicar la nueva religión; uno de ellos,Pedro, quedó al frente de la Iglesia o comunidad de los creyentes cristianos, por decisión del propio Jesucristo. Pronto se incorporarían a la predicación nuevos conversos, entre los que destacó Pablo de Tarso, que impulsó la difusión del cristianismo más allá de las fronteras del pueblo judío.

La obra de Pablo hizo que el cristianismo dejara de ser una secta judía cismática y se transformara en una religión más universal; la nueva religión se expandió hasta los confines del Imperio Romano y más tarde, desde Europa, se difundió por el resto del mundo, convirtiéndose hasta nuestros días en la religión más extendida de la humanidad (si bien se encuentra dividida en varias confesiones, como la católica romana, la ortodoxa griega y las diversas protestantes).

El Sermón de la Montaña

El llamado "sermón de la montaña" acaso sea el más significativo de todos cuantos pronunció, tanto por su contenido doctrinal como porque viene precedido, según Lucas, por la elección de los doce discípulos y la realización de numerosos milagros en tierras de Galilea. En este discurso evangélico, llamado en la tradición bíblica "Las bienaventuranzas", Jesús saluda a la muchedumbre con un "bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de los Cielos; bienaventurados los que tenéis hambre ahora, porque seréis saciados; bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis" (Lc. 6, 20-21), y enseguida expone las condiciones que han de cumplir quienes elijan seguirlo: "Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien, cuando os expulsen, os injurien y proscriban vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del hombre..." Es precisamente la idea de la paternidad divina el tema central de su mensaje, pues es de esa realidad de donde emana el amor y la generosidad del Creador hacia toda criatura humana.

El sermón de la montaña pone de manifiesto su profundo conocimiento de la conducta humana, y reinterpreta además la Ley mosaica dilucidando sus principios fundamentales y adaptando sus preceptos a las necesidades humanas. Es en este sentido que dice, por ejemplo, "el sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado" (Mc. 2, 27), cuando los fariseos le reprochan que sus discípulos hayan arrancado unas espigas o que él mismo haya obrado milagros y curado enfermos en ese día sagrado para los judíos. El amor a los enemigos ("amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odien"), la misericordia ("sed compasivos, como vuestro Padre es compasivo. No juzguéis y no seréis juzgados, no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados"), la beneficencia ("Dad y se os dará [...], porque con la medida con que midáis se os medirá") o el celo bien ordenado ("no hay árbol bueno que dé fruto malo y, a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno") son aspectos diferentes de una misma idea fundamental formulada en la frase "amar a Dios y al prójimo".

Testamento Figurado de Jesús

Rostro de Jesús

Yo, Jesús de Nazareth, viendo próxima mi hora y estando en plena posesión de mis facultades, para testar, deseo repartir mis bienes entre las personas más cercanas a Mi. Y así os dejo todas aquellas cosas que, desde mi nacimiento, me han servido en esta vida y la marcaron de modo significativo:

La Estrella. Para los que experimenten la desorientación y andan necesitados de ver claro para poder avanzar. De modo especial para todos aquellos que deseen ser guiados o servir de guía.

El Pesebre. Para los menesterosos, aquellos que carecen de lo necesario, que no tienen nada, ni siquiera un sitio para cobijarse o un fuego donde calentarse y poder hablar con un amigo. En el pesebre yo me hago alimento de sus hambrunas.

Mis Sandalias. Serán en adelante las sandalias de aquellos que deseen emprender el camino de retorno al Padre o al hermano del que se habían distanciado; las sandalias de aquellos que siempre estén dispuestos a salir de sí mismos... deseosos de pasar haciendo el bien.

La Palangana donde os he lavado los pies, estará siempre dispuesta para aquel que quiera entender su vida como servicio. La dejo para aquellos que, imitándome deseen hacerse pequeños servidores ante los hombres. ¡Esos serán los grandes a los ojos de mi Padre!

El Plato donde voy a partir el pan -que es mi Cuerpo que se entrega-, es para aquellos que vivan la fraternidad; para los que comiéndome, siempre estén dispuestos a amar como yo os amo, sin distinciones ni límites, a la medida de mi Cruz.

EL Cáliz. Lo dejo para que podais saciar vuestra sed de eternidad. Es para aquellos que se encuentren sedientos de justicia, ansiosos de un mundo mejor y una sociedad más humana y justa.

La Cruz. Es para todos aquellos que estando dispuestos a cargar con ella, quieran seguirme. Para aquellos a quienes el sufrimiento les impide vivir con esperanza, para aquellos que quieran unirse a mí y completar con sus padecimientos cuanto falta a mi pasión.

Mi Túnica. Es para todo aquel que, arrepentido, necesite cubrir con mi misericordia su pasado...

También quiero dejaros, como legado, las actitudes que han guiado mi vida terrena, actitudes que quisiera que orientasen vusetro vivir y convivir.

Mi Palabra y la enseñanza que me confió mi Padre, es para todo aquel que la escucha y la acoge para llevarla a la vida y ponerla en práctica.

Mi Alegría es para los que se sientan presos de la tristeza o el pesar; para todos los que deseen hacerla propia y compartirla.

Mi Humildad es para quien esté dispuesto a trabajar, con santo olvido de sí mismo, por la expansión del reino de los cielos.

Mi Hombro. A todos aquellos que lo necesite para reclinar la cabeza, pra los abatidos por el cansancio del camino, para que viniendo a mi todos lo que estan cansados y agobiados experimenten mi alivio.

Mi Perdón es para todos, para los hijos pródigos que malgastaron el tesoro de la gracia y en su miseria resolvieron retornar a la cas del Padre.

Todo esto y aún más quisiera dejaros, pero sobre todo es mi vida lo que os ofrezco."Yo mismo, quien me quedo con vosotros para seguir caminando a vuestro lado compartiendo preocupaciones y problemas, sus alegrías y gozos”. "Sí ¡yo soy la vida! y tú puedes trasmitirla. Manteneos unidos y amaos de verdad.Yo os he amado hasta el extremo y os llevo en mi corazón.

Siempre vuestro, Jesús.