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cruz cruz

UNA REFLEXIÓN
PARA CADA DÍA DE CUARESMA


"La Justicia de Dios se ha manifestado por medio de la Fe en Cristo"
Mensaje de Benedicto XVI Para esta Cuaresma.


Benedicto XVI

Cuaresma en
"Tiempo de Crisis"


julianlopez
Hermosa reflexión escrita por
Julián Obispo de León


La Fe no aísla

Tú no eres una isla
Carta de monseñor José María Arancedo,
arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz,
para la Cuaresma 2009



"El Amigo del Hijo"

velero
Un hecho de la vida real que nos ayudará a reflexionar sobre el profundo amor que Dios nos tiene en este tiempo de Cuaresma.

"Vivir la Cuaresma en Familia"
por Marcelo Murúa


vivir la cuaresma

Biblia

Citas Bíblicas para el tiempo de Cuaresma

Miércoles de Ceniza
(6 de febrero)
Ayuno y Abstinencia
Jl 2 ,12-18 ; Sal 50; 2 Cor 5, 20-6, 1-2. Mt 6, 1-6.16-18

Jueves después de Ceniza
(7 de febrero) Dt 30, 15-20; Sal 1; Lucas 9,22-25

Viernes después de Ceniza
(8 de febrero) Is 58, 1-9; Sal 50; Mt 9, 14-15

Sábado después de Ceniza (9 de febrero) Is 58, 9-14; Sal 85; Lc 5, 27-32

Domingo de Cuaresma
(10 de febrero) Gn 2,7-9; Sal 50; Rm 5,12-19; Mt 4,1-11

Lunes I
(11 de febrero) Lev 19, 1-2.11-18; Sal 18; Mt 25, 31-46

Martes I
(12 de febrero) Is 55, 10-11; Sal 33; Mt 6, 7-15

Miércoles I
(13 de febrero) Jon 3, 1-10; Sal 50; Lc 11, 29-32

Jueves I
(14 de febrero) Est 14, 1.3-5.12-14; Sal 137; Mt 7, 7-12

Viernes I
(15 de febrero) Ez 18, 21-28; Sal 129; Mt 5,20-26

Sábado I
(16 de febrero) Dt 26, 16-19; Sal 118; Mt 5, 43-48

II Domingo de Cuaresma
(17 de febrero) Gn 12,1-4; Sal 36; 2Tim 1,8-10; Mt 17,1-9

Lunes II
(18 de febrero) Dn 9, 4-10; Sal 78; Lc 6, 36-38

Martes II
(19 de febrero) Is 1,10. 16-20; Sal 49; Mateo 23,1-12

Miércoles II
(20 de febrero) Jr 18, 18-20; Sal 30; Mt 20, 17-28

Jueves II
(21 de febrero) Jer 17, 5-10; Sal 1; Lc 16, 19-31

Viernes II
(22 de febrero) Cátedra de San Pedro 1Pe 5,1-4; Sal 22; Mt 16, 13-19

Sábado II
(23 de febrero) Miq 7, 14-15.18-20; Sal 102; Lc 15, 1-3.11-32

III Domingo de Cuaresma
(24 de febrero) Ex 17,3-7; Sal 94; Rm 5, 1-2.5-8; Jn 4,5-42

Lunes III
(25 de febrero) 2Re 5, 1-15; Sal 41; Lc 4, 24-30

Martes III
(26 de febrero) Dn 3, 25.34-43; Sal 24; Mt 18, 21-35

Miércoles III
(27 de febrero) Dt 4, 1.5-9; Sal 147; Mt 5, 17-19

Jueves III
(28 de febrero) Jer 7, 23-28; Sal 94; Lc 11, 14-23

Viernes III
(29 de febrero) Os 14, 2-10; Sal 80; Mc 12, 28-34

Sábado III
(1 de Marzo) Os 6, 1-6; Sal 50; Lc 18, 9-14

IV Domingo de Cuaresma
(2 de Marzo) 1Sam 16,1.6-7.10-13; Sal 22; Ef 5,8-14; Jn 9, 1-41

Lunes IV
(3 de Marzo) Is 65,17-21; Sal 29; Jn 4, 43-54

Martes IV
(4 de marzo) Ez 47, 1-9.12; Sal 45; Jn 5, 1-3.5-16

Miércoles
IV (5 de marzo) Is 49, 8-15; Sal 144; Jn 5, 17-30

Jueves IV
(6 de marzo) Ex 32, 7-14; Sal 105; Jn 5, 31-47

Viernes IV
(7 de marzo) Sb 2, 1.12-22; Sal 33; Jn 7, 1-2.10.25.30

Sábado IV
(8 de marzo) Jer 11, 18-20; Sal 7; Jn 7, 40-53

V Domingo de Cuaresma
(9 de marzo) Ez 37,12-14; Sal 129; Rm 8,8-11; Jn 11,1-45

Lunes V
(10 de marzo) Dn 13,1-9.15-17.19-30.33-62; Sal 22; Jn 8,1-11

Martes V
(11 de marzo) Nm 21, 4-9; Sal 101; Jn 8, 21-30

Miércoles V
(12 de marzo) Dn 3, 14-20.91-92.95; Sal de Dan 3, 52-54; Jn 8, 31-42

Jueves V
(13 de marzo) Gen 17, 3-9; Sal 104; Jn 8, 51-59

Viernes V
(14 de marzo) Jer 20, 10-13; Sal 17; Jn 10, 31-42

Sábado V
(15 de marzo)
Fiesta Litúrgica
de San José
2Sam 7,4-5.12-14.16; Sal 88; Rm 4, 13.16.18.22; Lc 2,41-51

Domingo de Ramos
en la Pasión del Señor
(16 de marzo)
Is 50, 4-7; Sal 21; Flp 2, 6-11; Mt 26,14-27,66


Oremos
ORACIÓN DE CUARESMA

Mi oración, Dios mío,
es ésta:
Hiere, hiere la raíz
de la miseria de mi corazón.

Dame fuerza para llevar
ligero mis alegrías y mis pesares.

Dame fuerza para que mi amor dé frutos útiles.

Dame fuerza
para no renegar nunca del pobre,
ni doblar la rodilla al poder del insolente.

Dame fuerza para levantar mi pensamiento
sobre la pequeñez cotidiana.

Dame, en fin, fuerza para rendir mi fuerza,
enamorada, a tu voluntad.

R.Tagore

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QUÉ ES LA CUARESMA

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.

La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

En la Cuaresma, Cristo nos invita a cambiar de vida. La Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, escuchando la Palabra de Dios, orando, compartiendo con el prójimo y haciendo obras buenas. Nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a parecernos más a Jesucristo, ya que por acción de nuestro pecado, nos alejamos más de Dios.

Por ello, la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.

40 días

La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.

En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.

La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

MIÉRCOLES DE CENIZA

Imposición de las cenizasCon la imposición de las cenizas, se inicia una estación espiritual particularmente relevante para todo cristiano que quiera prepararse dignamente para la vivir el Misterio Pascual, es decir, la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús.

Este tiempo vigoroso del Año Litúrgico se caracteriza por el mensaje bíblico que puede ser resumido en una sola palabra: "metanoeiete", es decir "Convertíos". Este imperativo es propuesto a la mente de los fieles mediante el rito austero de la imposición de ceniza, el cual, con las palabras "Convertíos y creed en el Evangelio" y con la expresión "Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás", invita a todos a reflexionar acerca del deber de la conversión, recordando la inexorable caducidad y efímera fragilidad de la vida humana, sujeta a la muerte.

La sugestiva ceremonia de la ceniza eleva nuestras mentes a la realidad eterna que no pasa jamás, a Dios; principio y fin, alfa y omega de nuestra existencia. La conversión no es, en efecto, sino un volver a Dios, valorando las realidades terrenales bajo la luz indefectible de su verdad. Una valoración que implica una conciencia cada vez más diáfana del hecho de que estamos de paso en este fatigoso itinerario sobre la tierra, y que nos impulsa y estimula a trabajar hasta el final, a fin de que el Reino de Dios se instaure dentro de nosotros y triunfe su justicia.
Presentación Power PointSinónimo de "conversión" es así mismo la palabra "penitencia"... Penitencia como cambio de mentalidad. Penitencia como expresión de libre y positivo esfuerzo en el seguimiento de Cristo. Ver Presentación Power Point Flecha

TRADICIÓN

En la Iglesia primitiva, variaba la duración de la Cuaresma, pero eventualmente comenzaba seis semanas (42 días) antes de la Pascua. Esto sólo daba por resultado 36 días de ayuno (ya que se excluyen los domingos). En el siglo VII se agregaron cuatro días antes del primer domingo de Cuaresma estableciendo los cuarenta días de ayuno, para imitar el ayuno de Cristo en el desierto.

Era práctica común en Roma que los penitentes comenzaran su penitencia pública el primer día de Cuaresma. Ellos eran salpicados de cenizas, vestidos en sayal y obligados a mantenerse lejos hasta que se reconciliaran con la Iglesia el Jueves Santo o el Jueves antes de la Pascua. Cuando estas prácticas cayeron en desuso (del siglo VIII al X), el inicio de la temporada penitencial de la Cuaresma fué simbolizada colocando ceniza en las cabezas de toda la congregación.

Hoy en día en la Iglesia, el Miércoles de Ceniza, el cristiano recibe una cruz en la frente con las cenizas obtenidas al quemar las palmas usadas en el Domingo de Ramos previo. Esta tradición de la Iglesia ha quedado como un simple servicio en algunas Iglesias protestantes como la anglicana y la luterana. La Iglesia Ortodoxa comienza la cuaresma desde el lunes anterior y no celebra el Miércoles de Ceniza.

Significado simbólico de la Ceniza

La ceniza, del latín "cinis", es producto de la combustión de algo por el fuego. Muy fácilmente adquirió un sentido simbólico de muerte, caducidad, y en sentido trasladado, de humildad y penitencia. En Jonás 3,6 sirve, por ejemplo, para describir la conversión de los habitantes de Nínive. Muchas veces se une al "polvo" de la tierra: "en verdad soy polvo y ceniza", dice Abraham en Gén. 18,27. El Miércoles de Ceniza, el anterior al primer domingo de Cuaresma (muchos lo entenderán mejor diciendo que es le que sigue al carnaval), realizamos el gesto simbólico de la imposición de ceniza en la frente (fruto de la cremación de las palmas del año pasado). Se hace como respuesta a la Palabra de Dios que nos invita a la conversión, como inicio y puerta del ayuno cuaresmal y de la marcha de preparación a la Pascua. La Cuaresma empieza con ceniza y termina con el fuego, el agua y la luz de la Vigilia Pascual. Algo debe quemarse y destruirse en nosotros -el hombre viejo- para dar lugar a la novedad de la vida pascual de Cristo.

Mientras el ministro impone la ceniza dice estas dos expresiones, alternativamente: "Arrepiéntete y cree en el Evangelio" (Cf Mc1,15) y "Acuérdate de que eres polvo y al polvo has de volver" (Cf Gén 3,19): un signo y unas palabras que expresan muy bien nuestra caducidad, nuestra conversión y aceptación del Evangelio, o sea, la novedad de vida que Cristo cada año quiere comunicarnos en la Pascua.

EL DESIERTO

La Cuaresma nos trae la vieja imagen del desierto. Generaciones de cristianos, siguiendo al Pueblo de Dios y acompañando a Cristo, han sentido su llamada en su camino de búsqueda de Dios hasta convertirlo en elemento básico de sabiduría cristiana.

LUGAR PARA EL ENCUENTRO CON DIOS

El desierto es uno de los conceptos bíblicos de más hondo significado. Pertenece a la sabiduría básica del hombre espiritual. Se hizo camino obligado para el pueblo de Dios hasta la tierra prometida y lugar del encuentro con Dios. Moisés, Elias, Juan el Bautista y el mismo Jesús, fueron hombres del desierto. El desierto es ese espacio hostil, que obliga a la lucha tanto como a la confianza, y se convierte en pedagogía de Dios para avanzar, agudizando la mirada vigilante e interiorizada de la fe, a fin de reconocer la presencia de Dios y denunciar toda idolatría.

Jesús en el DesiertoEn la mentalidad del pueblo de Dios, el desierto era el ámbito reservado a los malditos y a los desheredados.

Sin embargo, en su paso errante y obligado por él, es donde experimentará las más grandes manifestaciones de amor por parte de Dios. Allí es don-de Dios estableció su Alianza con su pueblo y donde éste la pondrá a prueba una y otra vez hasta que que-de sobradamente confirmada.

La misericordia de Dios brillará deslumbrante sobre la ingratitud del pueblo. Y el desierto será testigo privilegiado de esa acción salvífica, misericordiosa, de Dios. A los prodigios iniciales de la liberación y de la alianza se va sumando la superación de las pruebas y de las tentaciones, a través de las cuales el pueblo experimenta cómo el amor de Dios se expresa en términos entrañables de noviazgo y de bodas místicas: "En el desierto me mostré bondadoso con el pueblo. .. Cuando Israel buscaba un descanso, me aparecí a él de lejos.

Yo te he amado con un amor eterno; por eso te sigo tratando con bondad'' (Jer 31, 2-3). Los profetas recordarán al pueblo aquella experiencia como un momento añorado: "¡Yo ¡a voy a enamorar, la llevaré al desierto y le hablaré al corazón!" (Oseas, 2, 14).

Juan el Bautista es el hombre del desierto por excelencia; cuerpo endurecido, ojo escrutador, voz que clama la conversión: su existencia se hace camino para el Señor. Jesús, después del bautismo, vivirá en el desierto una experiencia de prueba que le llevará a la plena aceptación de su propia identidad y de la misión encomendada. La misma Iglesia tendrá su experiencia de desierto. Aparece en el Apocalipsis. La mujer-iglesia es llevada al desierto, lugar que Dios le ha preparado como refugio, purificación, prueba y superación de la persecución: toda una experiencia de salvación que la iglesia ha de vivir en fidelidad.

FLORECERÁ EL DESIERTO

Desierto
En la historia de la espiritualidad, el desierto ha protagonizado diferentes, e incluso contrapuestas, experiencias. A destacar, la de los esenios, comunidad judía de ascetas, que vivieron junto al mar Muerto en el s. II antes de Cristo.

El historiador Plinio dejó constancia de su estilo de vida. Los escritos que nos han dejado en Qumrán han servido para mejorar nuestra comprensión de la Biblia. Ascesis y soledad buscaron también en el desierto muchos cristianos, que, a partir del siglo II y IV, huyendo del mundo, soñaban con la profecía de Isaías: "florecerá el desierto" (Is 41,17-20).

Poco a poco, esta experiencia se llenará de un nuevo sentido, cuando muchos empezaron a buscar en la soledad un lugar para la intimidad con Dios. San Bernardo invitaba a ello: "El que desee oír la voz de Dios que se retire hacia ¡a soledad. Esta voz no se deja oír en las plazas". Y San Bruno: "¡qué delicia ofrece la soledad y el silencio del ermitaño...

Aquí, el ojo adquiere esa mirada sencilla que hiere de amor al Esposo!" El movimiento eremítico, los Padres y Madres del desierto egipcio, y en general el monacato cristiano, que se fue extendiendo de Oriente a Occidente, responden a este nuevo sentido: el modelo cristiano del mártir se continúa en el nuevo modelo del monje, el hombre del desierto.

NUESTROS DESIERTOS

Para la sabiduría cristiana, el desierto se ha convertido en símbolo y paradigma, Cada cual tiene ante sí un desierto que cruzar, que puede adoptar muchas formas.

Nuestros Desiertos
La sabiduría estará en cruzarlo, superando cuanto tiene de tentación y amenaza. Surge, por ejemplo, ante la experiencia de envejecer, de caer enfermo, de padecer las consecuencias de un accidente. Cruzar este tipo de desierto se hace largo y penoso: olvidamos la claridad del cielo; la fatiga y el dolor ejercen un pesado lastre.

Aceptar ese hecho, sin embargo, puede despertar en nosotros un oasis. Otras veces, es el desierto de la falta de amor, la soledad: la distancia que nos separa de otros seres humanos se nos hace infranqueable. Aunque estén cerca, falta comunión; hay una ruptura dura y dolo-rosa. Los otros piensan, viven y aman "de otra forma".

Todo ello, en sentido positivo, puede dar lugar al oportuno desapego del otro, a renunciar a poseerlo, y que en esa renuncia se nos dé la alegría de "ser con él". Hay quien, en el crepúsculo de las ideas y de los sueños, llega a experimentar una especie de ausencia de Dios, el sin sentido de muchas cosas, la aridez de la fe, que alguien llamaría "Noche oscura".

Parece que Dios se retira, se oculta, que nos abandona. Pe-ro no es así. Lo que nos abandonan son nuestras ilusiones y fantasías; la fe no se pierde, por el contrario se comienza a profundizar en ella al perder nuestras "creencias".

RESUMIENDO

Resumiendo los rasgos característicos de esa sabiduría espiritual del desierto, diríamos:

      IctusLlamada a buscar un marco de silencio y soledad para recorrer nuestro camino interior.

      IctusVivir el sentido de paso, de purificación y de provisionalidad.

      IctusAprendizaje de la propia pobreza, apoyados en el Absoluto.

      IctusConfianza para caminar a ciegas y en austeridad, siempre abiertos a la solidaridad.

      IctusCambio de corazón para, en libertad, ser capaz de ofrecer vida.



Padre Anastacio Canto.

" El P.Anastasio Canto, misionero claretiano, director de la revista IRIS DE PAZ, falleció en Madrid el pasado día 4 de Marzo, a los 71 años de edad, como consecuencia del cáncer contra el que luchaba hacía algunos años. Que el Dios de la Vida en quien siempre creyó como su salvador le conduzca a la morada de la luz y de la vida.

www.cafaalfonso.com.ar

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